Mucha gente cree que la inmunidad depende únicamente de las vitaminas y el ejercicio. Sin embargo, dos de los reguladores más poderosos, el sueño y el estrés, a menudo se pasan por alto. Sin embargo, su impacto en el sistema inmunitario ha sido comprobado en cientos de estudios: la falta de sueño y el estrés crónico literalmente desactivan los mecanismos de defensa del cuerpo.
Durante el sueño profundo (etapas N3 y REM), se producen citocinas (proteínas que coordinan la respuesta inmunitaria). También se activan las células T que reconocen virus. Si duermes menos de 6 horas, los niveles de estas células disminuyen, mientras que los marcadores inflamatorios (como la interleucina-6) aumentan.
Un estudio de la Universidad de California demostró que las personas que dormían menos de 5 horas tenían cuatro veces más probabilidades de contraer rinovirus que quienes dormían más de 7 horas. Además, el sueño es aún más importante que la actividad física para prevenir infecciones virales respiratorias agudas. El estrés crónico aumenta los niveles de cortisol, una hormona que moviliza recursos a corto plazo, pero suprime los linfocitos, ralentiza la cicatrización de heridas y aumenta la inflamación a largo plazo. Las personas con ansiedad constante o agotamiento se enferman con más frecuencia y tardan más en recuperarse.
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