En el corazón de España, en la frontera entre las provincias de Ávila, Cáceres, Salamanca y Toledo, se encuentra la Sierra de Gredos, un rincón poco conocido del país, pero increíblemente rico en naturaleza y espíritu. Aquí no hay playas ni complejos turísticos, sino majestuosos picos de granito, lagos glaciares y bosques donde el tiempo parece haberse detenido. Este es un lugar para quienes buscan soledad, aire fresco y una auténtica sensación de libertad.
El principal atractivo de la región es el Pico Almanzor, de 2.592 metros de altitud. Es el punto más alto de todo el centro de España, y ascenderlo supone un reto incluso para escaladores experimentados. Sin embargo, incluso una sencilla caminata hasta la Laguna Grande de Gredos, situada a sus pies, te hará sentir como en un cuento de hadas alpino, a pesar de estar a tan solo 200 km de Madrid. La Sierra de Gredos también es el hogar de la cabra montés o cabru. Estos elegantes animales, casi extintos en el siglo XX, prosperan hoy gracias a los programas de restauración. Se pueden observar en los salientes rocosos, especialmente temprano por la mañana o al atardecer. Para naturalistas y fotógrafos de vida silvestre, este lugar es un tesoro.
La región cuenta con antiguos pueblos donde aún se habla un dialecto del leonés, casi extinto en otras partes del país. Uno de ellos es Navalperal, con apenas unas pocas docenas de habitantes. No hay tiendas de recuerdos, pero sí una iglesia medieval, manantiales de agua helada y senderos que conducen a chozos, cabañas de pastor de granito abandonadas.
La cultura pastoril sigue viva en Gredos. En verano, los pastores ascienden con sus rebaños a los puertos de altura, donde pastan sus ovejas y vacas, produciendo el famoso queso de oveja. Este producto es un símbolo de la región, y se puede degustar en su origen, acompañado de un vino fortificado local de los pequeños viñedos que se esconden en los valles.
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