Hogar Salud La inmunidad no es un «escudo», sino un sistema complejo: cómo mantenerla sabiamente

La inmunidad no es un «escudo», sino un sistema complejo: cómo mantenerla sabiamente

por Joséantonio Segura

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La vitamina D es uno de los reguladores inmunitarios más importantes. Modula tanto la respuesta inmunitaria innata como la adaptativa. La deficiencia de vitamina D se asocia con una mayor susceptibilidad a las infecciones, especialmente en otoño e invierno. En regiones con poca exposición solar (como el norte de Europa o Rusia), muchos expertos recomiendan tomar entre 1000 y 2000 UI de vitamina D3 al día durante todo el año.
El intestino es el centro del sistema inmunitario. La microflora beneficiosa produce ácidos grasos de cadena corta, que «entrenan» a las células inmunitarias. Para complementar esto, se necesitan prebióticos (cebolla, ajo, plátano, avena) y, si es necesario, probióticos (kéfir, yogur con cultivos vivos o suplementos de alta calidad que contengan Lactobacillus y Bifidobacterium). Sin embargo, los probióticos no son la panacea: su efecto solo es visible con el uso regular y la selección correcta de cepas.
Evite el uso excesivo de «estimulantes inmunitarios» como la equinácea, el ginseng, la aralia y otros. Su eficacia no se ha confirmado en estudios clínicos a gran escala, y el uso prolongado puede causar desregulación inmunitaria. Administrar estos suplementos a niños sin receta médica es especialmente peligroso.
La actividad física de intensidad moderada (30 minutos de caminata rápida, natación o ciclismo) mejora la circulación de las células inmunitarias y reduce la inflamación crónica. Sin embargo, el ejercicio excesivo (maratones, entrenamientos intensos diarios sin descanso) puede suprimir el sistema inmunitario durante 24 a 72 horas. La vacunación es una de las formas más eficaces de «preparar» el sistema inmunitario. No lo debilita, sino que lo entrena. Rechazar las vacunas priva al cuerpo de la capacidad de reconocer patógenos con antelación, haciéndolo vulnerable.
El agua, el aire fresco y el bienestar emocional también forman parte del refuerzo inmunitario. La deshidratación daña las membranas mucosas (la primera barrera contra los virus) y la ansiedad crónica aumenta el cortisol, que suprime los linfocitos.
La inmunidad no necesita «refuerzos». Requiere respeto, estabilidad y cuidado. La mejor estrategia no es buscar remedios milagrosos, sino construir un estilo de vida saludable como sistema. Porque un sistema inmunitario fuerte no es una reacción a la enfermedad, sino el resultado de hábitos diarios.

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