Hogar Turismo Parque Nacional de Monfragüe, Hogar del Halcón Peregrino

Parque Nacional de Monfragüe, Hogar del Halcón Peregrino

por Joséantonio Segura

Publicidad

El parque es prácticamente inexistente, pero existen docenas de rutas de senderismo y ciclismo. Especialmente popular es el PR-CC 66, que conduce al Salto del Gitano, un rápido natural en el río donde se puede nadar en sus frescas aguas en verano. A lo largo del camino, se encontrará con ruinas de molinos árabes y acueductos romanos, recordatorios de que la presencia humana aquí fue mucho antes del parque. La gastronomía local se inspira en los dones de la naturaleza: setas silvestres, miel de roble, aceite de oliva virgen extra y el famoso embutido de cerdo negro. En el pueblo de Villarreal de San Carlos, el único dentro del parque, hay un pequeño restaurante que sirve platos de origen local, sencillos, pero contundentes.
A pesar de su condición de parque nacional, Monfragüe sigue siendo un lugar sorprendentemente tranquilo. No hay aglomeraciones, colas ni sitios para hacerse selfis. La infraestructura turística es mínima, y ​​esto es una ventaja, no una desventaja. La mayoría de los visitantes vienen para pasar uno o dos días para reponer fuerzas, lejos de la civilización.
En otoño, el parque se transforma en un laberinto dorado: los robles y alcornoques pierden sus hojas, revelando senderos ocultos y cabañas abandonadas. Esta es la mejor época para paseos meditativos y sesiones de fotos con luz tenue. Y en invierno, cuando la niebla se cierne sobre el río, Monfragüe parece un lugar de ensueño.
El parque colabora activamente con los pueblos locales, involucrando a los residentes en el ecoturismo. Muchas familias ofrecen pernoctaciones en casas antiguas con chimenea, clases de recolección de hierbas silvestres o talleres de corcho. No son solo vacaciones, es un intercambio: tú adquieres experiencia y ellos reciben apoyo para preservar un estilo de vida.
Monfragüe es la España que no encontrarás en las guías turísticas. Aquí no hay flamenco, paella ni siestas bajo toldos. Solo hay viento, el canto de los pájaros y la sensación de estar en el corazón de la Europa salvaje. Y para muchos, eso es el verdadero viaje.

Publicidad

También te puede interesar