Hogar Vida silvestre Pulpos: el cerebro del océano sin columna vertebral

Pulpos: el cerebro del océano sin columna vertebral

por Joséantonio Segura

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El más grande es el pulpo gigante (Enteroctopus dofleini), con brazos que alcanzan los 9 metros de envergadura. El más pequeño es el Octopus wolfi, del tamaño de una uña. Cada especie está adaptada a su propio nicho ecológico.
Los científicos exigen cada vez más que se reconsidere el trato ético de los pulpos. En el Reino Unido y la UE, se les ha reconocido oficialmente como «seres sintientes», lo que limita los experimentos sin anestesia. Su inteligencia, dolor y capacidad de sufrimiento ahora están legalmente reconocidos.
Sin embargo, los pulpos están amenazados: la acidificación de los océanos, la sobrepesca y la destrucción de los arrecifes están reduciendo su hábitat. En países asiáticos, los pulpos se consumen ampliamente como alimento, a veces vivos, lo que ha provocado protestas de activistas de derechos humanos.
La investigación sobre pulpos inspira la robótica: ya se utilizan manipuladores blandos que imitan tentáculos en medicina y arqueología subacuática. Su adaptabilidad y capacidad para resolver problemas abren nuevos horizontes en la inteligencia artificial y la neurociencia. El pulpo nos recuerda que la inteligencia puede surgir de maneras completamente diferentes, no según el modelo «humano». Combina gracia, astucia y una profunda conexión con el océano. Podría ser la clave para comprender la inteligencia más allá de los vertebrados.

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