El agotamiento no es solo fatiga. Es un profundo agotamiento emocional, físico y mental que se produce cuando cuidar a los demás (en el trabajo, la familia o las relaciones) se hace a expensas de uno mismo. Las personas empáticas —cuya autoestima depende de si son necesarias— son particularmente vulnerables.
Los síntomas del agotamiento incluyen irritabilidad, apatía, desesperanza, pérdida de sentido en las actividades y fatiga física incluso después de dormir. Una persona sigue funcionando, pero por dentro siente un vacío. Siente: «Lo doy todo, pero no recibo nada a cambio».
La causa no es la «pereza» ni la «debilidad», sino un desequilibrio. Cuidar de forma saludable es como estar en un avión: ponte primero la máscara de oxígeno. Pero muchas personas creen: «Si me cuido, me juzgarán por egoísta». Esta falsa creencia conduce al agotamiento. El primer paso es admitir: «Me siento mal y no es mi culpa». El agotamiento es el resultado de un problema sistémico (sobrecarga, falta de apoyo), no de un fracaso personal. Juzgarse a uno mismo solo profundiza la crisis.
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