No le temas a los carbohidratos. Son esenciales para mantener la intensidad del entrenamiento y los niveles de leptina (que regulan el apetito). Es mejor priorizar la reducción de grasa sobre los carbohidratos, especialmente en los días de entrenamiento.
Los déficits cíclicos (p. ej., el ciclo de carbohidratos) pueden ayudar a evitar estancamientos. En los días de entrenamiento intenso, come más carbohidratos y en los días de descanso o ligeros, come menos. Esto preserva la energía y la flexibilidad metabólica.
El sueño y la gestión del estrés son fundamentales. La falta de sueño aumenta el cortisol, una hormona que descompone los músculos y promueve la acumulación de grasa abdominal. El manejo del estrés (meditación, caminatas, respiración) forma parte de la quema de grasa.
Pésate no más de una vez a la semana, por la mañana en ayunas. Es mejor basarte en fotos, medidas y tu reflejo en el espejo; el peso puede fluctuar debido a la retención de líquidos, especialmente en mujeres.
El cuerpo ideal no se define por un mínimo de grasa, sino por un máximo de músculo con un nivel saludable de grasa subcutánea (10-15% para hombres, 18-24% para mujeres). No busques la delgadez, sino la densidad, la fuerza y la energía.
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